La construcción de viviendas unifamiliares aisladas, tanto en contextos urbanos como en zonas de vacaciones —lo que en el habla barcelonesa se conoce como torres— ocupó a Sagnier a lo largo de su vida, pero por desgracia algunas de las mejores muestras no resistieron a los empujones de la especulación y han desaparecido. Esto realza si cabe la importancia de este destacado conjunto, emplazado en la falda del monte Tibidabo y ampliamente visible desde buena parte de la ciudad.
La finca El Pinar, situada en un emplazamiento envidiable, debe su nombre a un bosquecillo de pinos que fue respetado a la hora de levantar la casa veraniega del banquero Manuel Arnús y la vecina cochera y casa de los porteros. Construida con buena piedra de Montjuïc, complementada con esgrafiados y ladrillos, la torre destaca en una prominencia abierta a los cuatro vientos. El conjunto muestra una rica volumetría en perfiles de acusado pintoresquismo; el aspecto de las torres y las aberturas trilobuladas le confieren un aire vagamente medieval, mientras que la galería remite a la tradición de las masías o casas rurales catalanas. El ornamento de la pedrería muestra el repertorio naturalista que Sagnier utilizaba en aquellos años en el cercano templo del Tibidabo, con remates que simulan concreciones pétreas o madera estrellada.
Los interiores de la edificación contaron con la colaboración de algunos de los artesanos e industriales más habituales en las obras de Sagnier, como Carles Torrebadell en la forja de hierro, Antoni Rigalt en las vidrieras, Pujol & Bausis en la cerámica o Joan Pujol en el trabajo escultórico; los muebles se atribuyen a Joan Busquets.